Nuestra lucha no es contra sangre ni carne sino contra demonios, principados y potestades, unámonos pues en la batalla contra el verdadero enemigo, el diablo. Por: Apóstol Rogelio Mora (08/06/2015).

El Líder y la Batalla

Ministerios Rogelio Mora 2015 Venezuela

Una de las estrategias más antiguas del diablo es hacer que la Iglesia del Señor pierda su enfoque. Nuestra lucha no es contra sangre ni carne sino contra demonios, principados y potestades 1, esto es, contra el mismísimo diablo, por tanto no perdamos el tiempo en contiendas contra otros hermanos ni mucho menos con personas que no conocen del Señor; tampoco utilicemos el Evangelio para atacar al gobierno, a nuestros jefes y demás autoridades. El problema no es contra el hombre, sea cristiano o no, el problema ha sido, es y siempre será contra el enemigo de nuestras almas, el diablo.

La visión de Dios. Toda organización debe tener una visión sobre la cual encamina sus esfuerzos en el cumplimiento de objetivos concretos; la Iglesia del Señor no es la excepción; nuestro enfoque se fundamenta en “Id y haced discípulos en toda Venezuela, enseñándoles a guardar las cosas que Jesús nos mandó, a través de grupos en casa, donde se nos enseña a dar la vida por los amigos” 2. Esta visión nace del corazón de Dios en su anhelo de que todos le conozcamos y seamos salvos. En el cumplimiento de esa visión siempre vamos a encontrar obstáculos en el camino, pero nunca perdamos nuestro enfoque. Por momentos puede que no estemos de acuerdo con las ideas o actitudes de nuestros líderes o pastores, pero no somos quienes para juzgar a los demás 3. Si permitimos que la división entre en la Iglesia, terminaremos perdiendo el enfoque, y como cualquier otra organización iremos camino a la destrucción.

Objetivos claros, metas específicas. Cuando se envía a un ejército a la batalla se hace con unos objetivos claros y unas metas específicas. Si como Iglesia no estamos claros contra quien es nuestra lucha, es imposible lograr una victoria contundente contra nuestro enemigo. Jesús vino a rescatar lo que se había perdido 4 y ese debe ser el sentir de su Iglesia, por tanto no podemos rechazar a las prostitutas, a los alcohólicos ni a las personas homosexuales que quieran asistir a la congregación sino todo lo contrario, debemos permitirles entrar, porque a pesar que Dios no está de acuerdo con lo que hacen, igual les ama y ese amor infundido en sus corazones será el que permita realizar un cambio en sus vidas.

Echando fuera el espíritu de confusión. Cuando la Iglesia y sus líderes pierden el enfoque, es decir, el amor de Dios por las almas, comienza a operar el espíritu de confusión. Cuando se presenta un problema entre hermanos, no debe prevalecer el orgullo y la carne sino al contrario, el perdón y la reconciliación. Es inevitable tener conflictos entre hermanos pero si nuestro enfoque no está claro, permitimos que entre la confusión y con el tiempo se pierda la visión. Un líder confundido tiene su propia visión alineada al propósito del enemigo: “Id y matad discípulos, enseñándoles a realizar toda clase de perversidades, a través de las obras del enemigo, donde se nos enseña a dar la vida para ser el mayor entre todos”. Puede parecer exagerado pero el espíritu de confusión tiene el poder de destruir la armonía entre los hermanos y la misma Iglesia del Señor.

Dios pelea por nosotros. Cuando Gedeón derrotó al pueblo de los madianitas, no contaba con un enorme ejército ni con filosas espadas; con tan solo trescientos hombres, unos cuantos cantaros, trompetas y antorchas echó a correr a un ejército de incontables soldados 5, a los cuales les entró un espíritu de confusión y terminaron quitándose la vida los unos a los otros, mientras Israel observaba atónito lo que sucedía frente a sus ojos, glorificando a Dios, sabiendo que Él peleaba por ellos. Gedeón y su ejército demostraron que al diablo no se le vence con armas humanas sino con armas espirituales, como lo son la alabanza y la adoración; ellos portaban el fuego del Espíritu Santo en sus corazones y en atención a ello Dios les concedió una contundente victoria. Igual sucedió en Jericó cuando cayeron los muros sólo con el grito de Israel y Dios le concedió una gran victoria a su pueblo 6; en realidad a través de estas historias Dios nos quiere decir, que no es con nuestras propias fuerzas sino con las suyas que vamos a obtener contundencia en nuestras batallas.

El diablo es un imitador por naturaleza. Viendo el diablo la enorme victoria que el Señor le había concedido a su pueblo en manos de Gedeón, tomó para si la táctica utilizada, es decir, a través del espíritu de confusión sabía que podría destruir las obras del Reino de los Cielos sin mayor esfuerzo. Hoy en día ese espíritu de confusión es enviado por el enemigo para dividir a las Iglesias; todo ejército humano hace hasta lo imposible por defender a sus soldados, no así muchos miembros de las Iglesias alrededor del mundo, los cuales bajo los efectos del espíritu de confusión, constituyen los únicos ejércitos que aniquilan a sus miembros cuando caen y cometen un error, señalándolos y vilipendiándolos.

Actitudes de un líder confundido. Un líder bajo los efectos del espíritu de confusión nunca está de acuerdo con las instrucciones impartidas por su autoridad próxima, esto es, con su líder inmediato, y más aún, considera que su labor será mejor si le cambian a su autoridad, dando a entender que el problema no está en él sino en su autoridad. Un líder confundido siempre estará comparándose con otros sin saber que está bajo una maldición que lo hace vivir frustrado; lo que somos en Cristo nadie lo puede cambiar, al respecto el mismo Señor señala que por más que nos esforcemos no podemos añadir a nuestra estatura un codo 7. Producto de la confusión el líder pierde su enfoque principal, esto es, hacer discípulos para Jesús y lo próximo que se avecina es su salida del liderazgo; este líder es capaz de maltratar a las personas y de matarlas espiritualmente, echándoles la culpa de lo que a ellos les sucede; ante las circunstancias difíciles seamos como el perro mojado, esto es, sacudámonos de encima los problemas y sigamos adelante sin perder nuestro enfoque en Cristo. Otro rasgo de un líder confundido es que su visión es particular, es decir, no marcha al ritmo de la visión de la Iglesia y por ende le resulta difícil ponerse de acuerdo con otras personas de la congregación y peor aún, llega a considerarlos sus enemigos.

Dad gracias a Dios por todo. Cuando obedecemos a Dios en lo mínimo, Él se encargará de hacer el resto en nuestras vidas. Dios nos manda a trabajar en unidad con la Iglesia, con nuestras autoridades y con nuestra pareja ministerial. Si Cristo soportó y amó a Judas aún a sabiendas de que lo iba a traicionar, ¿quiénes somos nosotros para repudiar a nuestros hermanos de la congregación? Aprendamos del Señor, tratemos con amor aún a quienes nos hacen daño y nuestra alma hallará descanso 8. Cuando tienes alguien que te hace la guerra, así sea un miembro de la Iglesia, da gracias a Dios por ello, porque esa experiencia está formando tu carácter. No permitas que las situaciones contrarias te hagan perder el enfoque; Jesús tuvo muchos obstáculos camino a la cruz, de hecho, uno de sus discípulos trató de persuadirlo a tomar un rumbo distinto 9, pero el Señor teniendo claro su enfoque hizo caso omiso y prosiguió hacia la suprema meta que el Padre en su voluntad había determinado, morir en la cruz para darnos vida y vida en abundancia 10.

Citas:

1 Efesios 6:12 (RVR60): Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

2 Mateo 28:19-20 (RVR60): Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

3 Lucas 6:37 (RVR60): No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

4 Lucas 19:10 (RVR60): Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

5 Jueces 7:19-22 (RVR60): Llegaron, pues, Gedeón y los cien hombres que llevaba consigo, al extremo del campamento, al principio de la guardia de la medianoche, cuando acababan de renovar los centinelas; y tocaron las trompetas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos. Y los tres escuadrones tocaron las trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y gritaron: ¡Por la espada de Jehová y de Gedeón! Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en derredor del campamento; entonces todo el ejército echó a correr dando gritos y huyendo. Y los trescientos tocaban las trompetas; y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento.

6 Josué 6:20-21 (RVR60): Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron. Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.

7 Mateo 6:27 (RVR60): ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

8 Mateo 11:29-30 (RVR60): Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

9 Mateo 16:23 (RVR60): Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

10 Juan 10:10 (RVR60): El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.