Seamos fieles en lo poco, cuidemos lo pequeño y seamos sencillos al hablar, a fin de ser instrumentos efectivos en las manos de Dios para llevar a cabo su obra. Por: Apóstol Rogelio Mora (19/01/2015).

El Poder de lo Poco, lo Pequeño y lo Sencillo

Ministerios Rogelio Mora 2015 Venezuela

Todas las parábolas que el Señor enseña en su Palabra, son para vivirlas y repercuten no sólo en la eternidad sino también en nuestra vida terrenal. Las parábolas constituyen la academia del éxito impartida por nuestro Señor y conforme seamos obedientes a lo que nos enseñan seremos efectivos. Jesús nos enseña que lo poco tiene que ver con cantidad, lo pequeño con tamaño y con lo sencillo con la forma.

Lo poco tiene que ver con cantidad. Es posible multiplicar lo poco que tenemos con fidelidad y buena administración. Si somos fieles en lo poco, Dios nos pondrá en lo mucho. Este concepto de fidelidad se aplica no solamente a nuestra capacidad inherente de multiplicar el dinero que llega a nuestras manos sino también a toda responsabilidad que se nos ha sido encomendada. En la Parábola de los Talentos 1, el Señor reparte responsabilidades conforme a las capacidades de cada quien. Cuando crecen tus responsabilidades crecen tus capacidades y el principio para multiplicarlas es la fidelidad. No seamos negligentes porque corremos el riesgo de perder aún lo poco que se nos ha sido confiado; hay quienes no salen de lo poco porque no han sido responsables con ello. Ten presente que cuando Dios te confía una responsabilidad es un bien del Reino de los Cielos lo que tienes en tus manos.

Las personas que crecen en responsabilidades crecen también en confianza para con Dios y los hombres. Una cosa es que alguien confíe en ti y otra que Dios confíe en ti. Planificar, llegar a tiempo a las actividades, tener sentido de palabra, son pequeños detalles que pueden hacer la diferencia en todo lo que emprendas.

Lo pequeño tiene que ver con tamaño. Lo pequeño a diferencia de lo poco, no se multiplica. Lo pequeño es semejante a un niño recién nacido, a medida que pasan los años va creciendo hasta formarse un hombre a la estatura de Dios y ese crecimiento tiene que ver con cuidado. La fidelidad con la gente es lo que engrandece lo pequeño que se nos ha confiado. El Evangelio es más que dejar un vicio de cigarrillo o bebida, es cambiar tu manera de ser para con los demás, tratando en la medida de lo posible de modelar a Jesús. Aunque vaya una sola persona a tu grupo en casa, no dejes de hacerla con total excelencia, tu fidelidad en él, en hacerlo crecer espiritualmente traerá consigo crecimiento para la Iglesia y para tu vida.

Lo sencillo tiene que ver con la forma. Nosotros podemos predicar el Evangelio de muchas maneras, pero la que agrada a Dios es la Palabra sencilla y familiar que hasta un niño pueda comprender. Entendamos que lo sencillo tiene que ver con la forma cómo hacemos las cosas para Dios. En los inicios de nuestra Iglesia, económicamente nos sosteníamos haciendo verbenas luego de cada servicio; no era la forma correcta que establece Dios en su Palabra. Cuando comprendí que es a través de los diezmos, pactos y ofrendas que Dios bendice verdaderamente a su Iglesia, las cosas cambiaron para bien, y los principalmente beneficiados fueron los miembros a quienes el Señor bendecía. En otra oportunidad viajé a otro país para recibir un taller avanzado de servicio a Dios y al llegar allí trabajé todo el día cargando materiales, algo totalmente distinto a lo que tenía en mente; no era la forma que esperaba que fuese impartido el taller, sin embargo, comprendí que el verdadero servicio a Dios se hace sirviendo a los demás y siendo obedientes en lo poco que se nos ha sido confiado.

Citas:

1 Mateo 25:14-30 (RVR60): Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.