Cuando Jesús sopla en tu vida, cualquier demonio y dificultad se esparce, y es que el soplo del omnipotente nos llena de vida, bendición y victoria. Por: Apóstol Rogelio Mora (28/05/2017).

El Soplo del Omnipotente

Ministerios Rogelio Mora 2017 Venezuela

Jesús enseñó que la vida no se compone sólo de cosas buenas cuando aseveró que en el mundo íbamos a tener aflicción, igualmente David lo admitió cuando dijo que bendeciría a Dios en todo momento, es decir, en malos y buenos momentos, y es que ciertamente no todo en la vida es color de rosa; la pregunta que debemos hacernos acá es: ¿Cómo podemos manejar con éxito los tiempos malos? Y la respuesta es sencilla, con la ayuda de Dios; con tan sólo soplar en Adán, Dios le infundió aliento de vida, con tan sólo soplar en los Apóstoles, el Señor los llenó del Espíritu Santo y con tan sólo soplar en nuestro camino, Dios hará a un lado todas nuestras dificultades y las usará a nuestro favor.

El soplo de Dios da vida. Job, en medio de su tribulación, reconoció que fue el soplo del Omnipotente lo que le había dado la vida 1; lo mejor que podemos hacer en medio de las dificultades, es reconocer que sólo Dios tiene el poder de cambiarlas a nuestro favor. No es fácil vivir en una sociedad, donde los medios y las personas nos desalientan con sus comentarios, y donde su mal ejemplo y aparente prosperidad nos puede traer desesperanza, pero aún, en medio de la peor tormenta, Jesús está allí, para llenarnos de su paz y enmudecer todo viento contrario en nuestras vidas.

No te fatigues, avanza. Nuestra vida es como una barca que se encuentra en medio del mar, el cual representa el mundo, y los problemas son los vientos contrarios; cuando los discípulos del Señor se fatigaron de tanto remar contra el viento, Jesús se apareció caminando sobre el mar y se les adelantó 2, sólo para decirles: “tengan ánimo, no teman”; nunca olvidemos quién nos acompaña, de hacerlo, corremos el riesgo de morir ahogados en medio del mar. No te fatigues, avanza siempre, sabiendo que mientras mayores sean las dificultades, estará más cerca la intervención sobrenatural del Señor.

La parábola del saltamontes. Las langostas o saltamontes, tienen un vuelo muy torpe en ausencia de viento, lo cual las hace presa fácil de los depredadores y curiosamente sólo cuando tienen viento en contra, es que pueden recorrer grandes distancias con su salto y en dirección correcta; seamos pues como los saltamontes, aprovechemos las circunstancias contrarias para avanzar. Estando de ayuno en una montaña, le pedí al Señor que me mostrara su gloria tal como hizo con Moisés, y enseguida un fuerte viento sopló, del cual me aparté por temor y al bajar de la montaña, mi madre, que me esperaba con mis hermanos, me comentó: “tienes el rostro resplandeciente como Moisés”; en aquel tiempo era muy joven para comprender, que el soplo del Omnipotente se hace patente en nuestras vidas de manera palpable siempre que acudamos con fe a la presencia del Señor.

La manifestación del Espíritu Santo. Luego de la resurrección de nuestro Señor, el mayor acontecimiento en la historia fue la venida del Espíritu Santo. El día de pentecostés, estando los discípulos juntos y unánimes, el Espíritu Santo se manifestó como un fuerte viento en toda la casa donde se encontraban y luego como lenguas de fuego, que descendían sobre cada uno de ellos 3. Cuando nos mantenemos en unidad, unos con otros, y nos reunimos a orar, el Espíritu Santo se hace presente y nos llena de su presencia.

El soplo del omnipotente no sólo nos da vida, sino que también nos bendice y nos da la victoria. Declaremos que la presencia de Dios está sobre nuestra nación y que nos llenará, a cada uno de nosotros, en el nombre de Jesús.

Citas:

1 Job 33:4 (RVR60): El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida.

2 Marcos 6:46-48 (RVR60): Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.

3 Hechos 2:2-3 (RVR60): Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.