No es con sabiduría humana que las personas terminan aceptando a Cristo en su corazón sino sencillamente dando testimonio de la fe en el poder de Dios. Por: Apóstol Rogelio Mora (02/09/2015).

Fe en el Poder de Dios

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Cuando el Apóstol Pablo partió de Atenas se fue profundamente desilusionado por cuanto su predicación del Evangelio no fue aceptada como Él lo esperaba y de hecho no pudo fundar allí ninguna Iglesia, pero al llegar a Corinto todo fue distinto. Pablo comprendió que no es con excelencia de palabras ni con sabiduría humana que las personas terminan aceptando a Cristo en su corazón sino sencillamente dando testimonio de la fe en el poder de Dios 1.

Lo que Dios hace es lo que debemos anunciar. Un testigo es aquella persona que ve, siente y cuenta lo sucedido; Jesús nos invita a ser testigos de su poder en la tierra 2, y esto no sólo se trata de una sanidad o un milagro creativo, sino también de cómo un corazón puede ser transformado para bien; por ejemplo, un delincuente que antes robaba y mataba, ahora ha vuelto a nacer, se ha arrepentido y le sirve a Dios de corazón. Pablo fue a Corinto a predicar lo que Dios había hecho en su vida y su testimonio fue suficiente para convertir a miles de personas. Predicar a Cristo no es un asunto de palabras excelentes ni de elocuencia excepcional, esto no quiere decir que la sabiduría humana sea mala sino que comparada con el poder de Dios no logra impactar de la misma manera a las personas para que se conviertan en discípulos de Jesús.

Proclamando a Cristo crucificado. Pablo fue formado a los pies de Gamaliel, un prominente doctor y maestro de la ley, respetado por todo el pueblo, lo cual le permitió adquirir muchos conocimientos, los cuales llegó a tener por menos delante del mensaje de la cruz 3. Para ser usado por Dios, debemos hablar de lo que Jesús hizo, sobretodo en la cruz del calvario; cuando hablas del mensaje de la cruz expresas un poder sin barreras que trasciende los límites de la imaginación del hombre. Muriendo a nosotros mismos, reconociendo que no somos nada sin Dios y buscando su rostro sin cesar día a día, podemos ser instrumentos excepcionales en las manos del Creador.

Debemos morir a nosotros mismos. Pablo confiesa en su segunda epístola a los Corintios, que acudió a ellos con debilidad, temor y temblor 4, reconociendo con ello que la obra que se suscitó en esa ciudad, no fue por Él sino por la mano de Dios; así lo expresó al enfatizar que ni su palabra ni su predicación 5 fueron los elementos que hicieron que las personas se convirtieran sino simplemente las demostraciones de poder que Dios obraba por medio de Él. Más que escudriñar las escrituras y darles un marco histórico, debemos creer y aplicar en nuestras vidas los principios que establecen, confiando siempre en que Dios es poderoso y está dispuesto a salvarnos, sanarnos y libertarnos.

Sellados por el Espíritu Santo. Cuando oyes y crees en el Evangelio de Jesús, automáticamente viene un ángel y te coloca un sello con el cual quedas marcado por el Espíritu Santo 6 siendo ésta la garantía de que al morir, Jesús te recibirá en el cielo con los brazos abiertos. Predicar el mensaje de la cruz, más que contemplar a Jesús clavado en una cruz, es saber que ha resucitado y se encuentra a la diestra del Padre intercediendo por todos nosotros; es entender además, que así como ascendió a los cielos, así también lo veremos descender a la tierra al final de los tiempos 7, montado en un caballo blanco 8 y rodeado de los ejércitos celestiales.

La locura de la cruz. Para algunas personas, el mensaje de la cruz es una locura pero para nosotros es salvación y poder de Dios 9. En una oportunidad, encerraron a una persona carente de juicio en una celda, y muchas personas se agolpaban a su alrededor, teniéndole lástima, y éste, a su vez les tenía lástima a ellos, por cuanto se decía a sí mismo, “ellos no tienen lo que yo tengo: techo, comida y un hogar”; al final, cabe preguntarse, ¿quién estaba verdaderamente loco? ¿El hombre encerrado o los que lo contemplaban desde afuera? Todo depende desde el punto de vista que se tome. Desde la perspectiva del hombre el Evangelio es una locura, pero desde la perspectiva de Dios es salvación y vida eterna 9. Nosotros los cristianos debemos amar esta “locura” de la salvación, valorando la presencia de Dios, sirviéndole y dándole nuestro mejor tiempo.

Citas:

1 1 Corintios 2:1 (RVR60): Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.

2 Hechos 1:8 (RVR60): Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

3 1 Corintios 2:2 (RVR60): Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.

4 1 Corintios 2:3 (RVR60): Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor.

5 1 Corintios 2:4-5 (RVR60): Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

6 Efesios 1:13 (RVR60): En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.

7 Hechos 1:10-11 (RVR60): Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.

8 Apocalipsis 19:11 (RVR60): Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

9 1 Corintios 1:18 (RVR60): Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.