Vivimos por fe, por esa razón para tener una vida plena debemos tener una fe fortalecida, sustentada en creer que si Jesús es nuestro Pastor, nada nos faltará. Por: Pastor Rogelio Mora (28/07/2013).

Fe Fortalecida

Ministerios Rogelio Mora 2013 Venezuela

Aquellas personas que se levantan en la mañana con fe y a pesar de las circunstancias del día cuando llega la noche son agradecidos con el Señor, son aquellas que se acuestan con una fe fortalecida. Es fácil que alguien hable de fe cuando todo le marcha bien, lo realmente difícil es encontrar a alguien que testifique en medio de las aflicciones, y él tal al hacerlo demuestra una fe fortalecida en el Señor. Al tener una fe fortalecida tenemos una poderosa herramienta para pelear con justicia las batallas de la vida y salir adelante y librarnos inclusive del aguijón de la muerte, dado que el justo por su fe vivirá 1. Si vamos a vivir es por fe, por esa razón nuestra fe tiene que estar fortalecida y esa fortaleza proviene de creer de corazón en las promesas de Dios establecidas en su Palabra.

Si cometemos errores y tropezamos con alguna piedra en el camino de la vida la fe nos permite levantarnos. Y no solamente nos permite ponernos de pie sino que también nos restaura, pero para lograrlo es necesario que estemos atentos en oír la Palabra de Dios, porque la fe viene por oírla 2. La Palabra de Dios es viva y eficaz 3, es decir, es excelente y perfecta, y es capaz de penetrar el alma y el espíritu para conocer nuestros pensamientos y nuestras intenciones. Al entrar la Palabra por nuestro oído se une a nuestra vida porque es el mismo Señor que entra en nuestro ser haciendo que podamos tomar buenas decisiones, que podamos discernir entre el bien y el mal, entre los que nos conviene y lo que no, y que comprendamos el honor que implica servirle a Dios y tomemos la decisión de hacerlo pese a la crítica de quienes nos rodean.

Muchos cristianos atribuyen todo el mal que sucede en el mundo al diablo, pero existe un enemigo mucho más poderoso que él, y somos nosotros mismos. El afán del mundo y el engaño de las riquezas al cual somos objeto producto de nuestras propias decisiones es capaz de lograr lo que ni el diablo ni todo el infierno junto podría lograr, esto es, ahogar la Palabra de Dios en el corazón del hombre 4. Lamentablemente la gente afanada vive ahogada y eso lo pude comprender en una oportunidad en que estaba terminando de preparar una prédica que estaba por ministrar y recibí una llamada con una mala noticia que me perturbo e hizo que perdiera mi comunión con Dios en ese momento; estaba tan afanado por aquella mala noticia que el Señor habló a mi corazón y me dijo que si no hacía a un lado esa ansiedad difícilmente podría oír su voz. Por tanto, el afán y las preocupaciones de este mundo constituyen un obstáculo a vencer si queremos mantener una comunión plena con el Espíritu Santo.

El servicio al prójimo es una clara muestra de tener a Cristo en el corazón, quien es el servidor por excelencia del género humano. Un verdadero hijo de Dios reconoce que su llamado va más allá de asistir un domingo a la Iglesia y de tener uno que otro gesto de desprendimiento material hacia los demás, él entiende que su vida ya no le pertenece a sí mismo sino a Cristo y como tal debe consagrarse a su servicio sabiendo manejar las dificultades del mundo sin permitir que las murmuraciones y malas intenciones de los demás lo perturben. Y como recompensa a ese servicio y entrega, el Señor derramará sus bendiciones, para que el mundo reconozca que quienes están en Cristo el buen pastor, nada les faltará 5.

Hay personas que le dan tanta importancia a los bienes materiales del mundo que su perdida les arrebata su vida o parte de ella. En una oportunidad un hermano se me presentó gimiendo y llorando e inmediatamente pensé que se le había muerto un familiar y cuando le pregunté que le sucedía me dijo que lo habían despedido del trabajo más sin embargo a los pocos días consiguió otro y su afán de aquel momento había sido en vano. En otra oportunidad una hermana me llamó al teléfono de madrugada, angustiada y desesperada, y entre lágrimas me comentaba con dificultad como le habían robado el vehículo; esa poca confianza en el Señor me molestó y le dije un tanto exasperado también por lo hora, que se tranquilizara que ese vehículo aparecería; a las pocas horas me volvió a llamar diciéndome que en efecto apareció. En estos dos testimonios podemos apreciar que es natural que todos en algún momento de nuestras vidas nos afanemos por distintas situaciones que estemos atravesando pero que si confiamos en el Señor, Él no nos desamparará.

El mejor testimonio de fe se da en medio de las aflicciones. El Rey David compuso el Salmo 23 justamente en medio de una guerra donde podría perder la vida, y en el mismo da muestras de una fe fortalecida. Me ha sucedido que he tenido que predicar enfermo en los primeros servicios del domingo y he sentido como la presencia de Dios me sana para que pueda servirle como debe ser, y esto es consecuencia de confiar en Dios y descansar en sus brazos, sabiendo que tengo al Espíritu Santo. No es de Dios afanarse, Jesús mismo nos pide que estemos tranquilos, que confiemos en Él, que en nosotros ha dejado al Espíritu Consolador 6 para darnos fortaleza en medio de nuestras aflicciones y para confortar nuestra alma 7.

Citas:

1 Habacuc 2:4 (RVR60): He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá.

2 Romanos 10:17 (RVR60): Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

3 Hebreos 4:12 (RVR60): Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

4 Mateo 13:22 (RVR60): El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

5 Salmos 23:1 (RVR60): Jehová es mi pastor; nada me faltará.

6 Juan 14:16 (RVR60): Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.

7 Salmos 23:3 (RVR60): Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.