Seamos agradecidos con Dios por el sacrificio de Jesús, asumiendo la tarea de atender y formar discípulos, lo cual nos permitirá recibir cada día un milagro. Por: Apóstol Rogelio Mora (05/04/2015).

Pide a Jesús tu Milagro

Ministerios Rogelio Mora 2015 Venezuela

El Reino de los Cielos es primero. Si buscamos primeramente el Reino de Dios y su justicia, todas las demás cosas serán añadidas 1. La justicia tiene ver con nuestras acciones. Cuando reconocemos que el autor de los milagros que suceden en nuestra vida es Jesús, estamos haciendo justicia a su nombre. Debemos reconocer la presencia de Dios en nuestra vida, sabiendo que toda acción de su parte es con un propósito, esto es, para que testifiquemos a los demás de esa acción y para que en agradecimiento, le sirvamos a Dios de corazón. Testificar de lo que hace Dios en nuestra vida va más allá de una simple prédica, es alabarle en todo momento.

Debemos adorar y glorificar a Dios continuamente 2. Es fácil alabar a Dios cuando todo nos sale bien, pero qué difícil, y he allí donde se distinguen los verdaderos discípulos de Jesús, adorarle aún en medio de las dificultades. El Apóstol Pablo estando preso, daba cánticos de alabanza a Dios, y fue tanta su adoración que Él mismo intervino para dejarlo en libertad de manera sobrenatural 3. Cuando se te cierren puertas en la vida, sigue el ejemplo de Pablo, adora a Dios y todo se resolverá.

Debemos ser agradecidos con Dios. Cualquiera puede recibir un milagro de parte de Dios, pero la persona agradecida vive la vida de milagro en milagro. Cuando fueron sanados los diez leprosos, cada uno de ellos recibió un milagro, pero sólo el leproso que se devolvió a alabar y glorificar a Dios, fue el que obtuvo otro milagro aún más importante que la sanidad, esto es, el milagro de la salvación 4. El único que sana y salva a la vez es Jesucristo, en nadie más se encuentran ambos milagros juntos, porque fue el único que dio su vida por nosotros en la cruz del calvario.

Cuando dejas algo en el altar de Dios, te llevas algo mayor. En la película Ben-Hur ambientada en la época de nuestro Señor, el joven Judá Ben-Hur le ofrece a Jesús líquido para calmar su sed durante su pasión. Tiempo después, al paso de Judá por Nazareth rumbo al castigo de las galeras, un joven de su edad compadecido de su fatiga, le da de beber agua, ninguno de los dos pronuncia una sola palabra pero Judá siente en el alma el peso impresionante de aquellos ojos bondadosos y enérgicos que lo ayudan a superar todas sus desgracias, ese joven era Jesús. Acá se evidencia que cuando tú haces algo por el Señor, es decir, cuando dejas algo en su altar, Él te lo devuelve cuando menos te lo esperas.

Mi yugo es fácil y ligera mi carga 5. Nuestras cargas, por extraño que parezcan, son más pesadas que la carga que lleva nuestro Señor Jesucristo. Si llevamos su carga, tenemos por promesa, que Él llevará la nuestra. La carga que Jesús nos coloca no es más que ir y hacer discípulos dando nuestra vida a su servicio. Sirve a Jesús con tu vida y con tu tiempo pero también con tus bienes, sin importar lo mucho o lo poco que tengas, resultará útil en las manos de Jesús.

Debemos enseñar a pescar y no dar el pescado. Cuando inicié la Iglesia, tenía por costumbre, llevar a cada uno de los miembros a sus casas. El Señor me confrontó al respecto y me hizo ver que había olvidado mi labor de Pastor al dejar mi vara y mi cayado y haber llevado cargas que no me correspondían llevar, creando una dependencia en mis discípulos. Era tanto mi apego a facilitarle la vida a mis discípulos, que yo mismo llevaba el equipo de sonido hasta las casas y preparaba todo sólo para que ninguno se perdiera, hasta que el Señor me habló y me dijo: “las personas deben ir a la Iglesia por mí, no por ti, no eres tú, soy Yo”; y desde ese entonces dejé de dar el pescado y empecé a enseñar a pescar a mis discípulos; al principio muchos se fueron, y algunos con el tiempo han vuelto, pero gracias a la dirección de nuestro Señor Jesucristo y de su Espíritu Santo, hoy en día nuestra Iglesia está formada por más de tres mil personas que son auténticos pescadores de hombres. Seamos discípulos genuinos de Jesús, dándole gracias cada día y viviendo su resurrección en nuestra mente y corazón.

Citas:

1 Mateo 6:33 (RVR60): Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

2 Salmos 34:1 (RVR60): Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca.

3 Hechos 16:25-26 (RVR60): Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.

4 Lucas 17:11-19 (RVR60): Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

5 Mateo 11:29-30 (RVR60): Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.